Rozalén comparte las reflexiones de su abuela que todos deberíamos escuchar

"El respetarnos lo valoro más que la religión", indicó la abuela de la cantante, que falleció hace una semana

Rozalén comparte las reflexiones de su abuela que todos deberíamos escuchar

Rozalén / Getty

Rozalén compartió la triste noticia hace una semana a través de su cuenta de Instagram. Su abuela Ángeles había fallecido en el hospital del Perpetuo Socorro de Albacete y ella quería celebrar su vida pese a que era consciente de que la iba a echar mucho de menos.

Ahora la cantante, que recibió numerosísimas muestras de afecto cuando comunicó públicamente la defunción de la que según ella misma ha dicho en reiteradas ocasiones, era una de las mujeres que han marcado su vida, ha vuelto a recordar a su abuela y lo ha hecho posiblemente con un doble motivo: homenajearla y, con el 25 de noviembre a la vuelta de la esquina, crear conciencia sobre el daño que causa en la sociedad la violencia de género.

Rozalén ha publicado un vídeo de su documental 'Conversaciones con mi abuela' en el que se puede ver a la cantante sentada junto a su abuela Ángeles en un patio, a la sombra de un árbol, charlando sobre la vida y con la percha de La puerta violeta, una canción que se ha convertido en el himno de la lucha contra la violencia de género en España.

"Entonces, en aquellos tiempos, la mujer era, a su casa. A fregar, barrer o lo que yo hacía, hasta bordar. Pero no fueras a ningún sitio sin el marido saberlo. Sin embargo, los hombres tenían libertad para todo lo que quisieran y no te ayudaban en nada", le explica Ángeles a su nieta sobre su propia juventud.

"¿Y tú has visto a muchas mujeres pasarlo mal?", le pregunta a continuación la cantante; a lo que su abuela responde de manera muy rotunda: casi todas. "Y ahora no sé si la cosa estará bien", añade Ángeles. Si pudiera volver atrás el cambio que pediría a su pasado es gozar de algo más de libertad. "Que no te dijera nada la gente si te ibas a pasar un rato con tus amigas", pide Ángeles.

Ella, como muchas otras mujeres que fueron madres en los años sesenta jamás pudo disfrutar de unas vacaciones. "No había vacaciones no, y la escuela me la daban como una gratificación", explica Ángeles justo antes de recalcar que el poder gozar de una educación básica "era un regalo".

Además, la señora cuenta que cuando llegó a la edad de estudiar formación superior las mujeres no fueron a la universidad. "La historia me gusta mucho", le confiesa a su nieta Ángeles, aunque ella misma asume que jamás se planteó cursar este tipo de estudios. Al contrario, cuando se casó se puso a trabajar haciendo mantecados. "Tú eras la que le dabas las perras al abuelo para que se fuera al bar", le insiste la artista, a lo que su abuela responde, entre risas, que la realidad es que "casi que sí".

"Tenemos que tener un respeto unos por otros"

Cuando Rozalén le pregunta a su abuela por la violencia de género y los asesinatos de mujeres en España, su abuela se muestra contundente: "Tenemos que tener un respeto unos por otros sin importar el sexo, porque todo el mundo tiene derecho a vivir y a divertirse", sostiene Ángeles, que añade que "el respetarnos" lo valora "más que la religión". "Una persona educada es religiosa. Respetarnos y querernos más, disculparnos, y no tener la culpa siempre a flor de boca para los demás. Hay que mirarnos y respetarse a uno mismo y el bien no se lo haces a nadie, te lo haces tú", concluye Ángeles.

La puerta violeta de Rozalén

La puerta violeta, de su álbum Cuando el río suena..., es sin duda la canción más famosa de Rozalén. En ella, la cantante nacida en Elche habla del maltrato a las mujeres a través de una metáfora (un incendio) y desde que se publicó se ha convertido en todo un himno nacional e internacional contra la violencia machista.

Además, por si no quedaba claro solo con la letra de la canción, la cantante, al publicarla, escribió un texto que no deja indiferente a nadie. Es este:

El machismo que todo lo quema. La mano en el cuello que con sutileza nos impide respirar. La venda que no nos deja ver. Una culpa que aprieta y paraliza nuestros pies. Una flor que se marchita, un árbol que no crece. Un castigo que se nos impone. El verso que nos tacha y nos anula. Las cadenas, las grietas, las arrugas, el corsé… las mujeres que lucharon por nuestros derechos y susurran en la nuca. Las humilladas, esclavas, cosificadas, asesinadas… siempre presentes.

 

 

 


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